¡Vuelven los fantasmas que nos quieren alejar de un posible cambio!
Es casi una constante en este blog la defensa de un periodo de vinculación que sea adecuado, que siente bien, para poder ofrecer profesionalidad en la atención, cuidado y satisfacción de las necesidades del alumnado.
Al escribir durante tantos años sobre cómo hemos ido haciendo cambios a través del aprendizaje… puedes, sin darte cuenta, caer en la tentación de pensar que este punto de reflexión al que has llegado es más o menos compartido. Es decir, piensas que no estás haciendo nada más que lo mínimo que hay que hacer, lo que ya todos hacen.
Y no…
Este curso apenas había publicado una infografía. Así, a modo de recordatorio.
Y en estos días he leído artículos, me han mandado hasta documentos “semioficiales”, intentando avalar lo que a todas luces yo considero “tufillo rancio”, desinformación e incluso, si me lo permiten, falta de profesionalidad por desactualización e incompetencia.
Tengo que reconocer que los que llevamos muchos años dedicados a la educación podemos haber hecho el camino durante mucho tiempo, qué pena, cayendo en el autoengaño de que conocíamos a los niños. Si es así, si estás en este punto, cuidado. Esta tranquilidad, es inmovilista, con alguien que no puede defenderse de lo que provoca semejante actitud.
¡Repensar a la infancia toca! ¡Quitarse de la cabeza que funcionan como nosotros toca! Vivimos tan estrechamente con ellos que parece incomprensible que no alcancemos a verlos.
¡Reconocer que, a pesar de lo presumidos que nos ponemos afirmando que estamos haciendo mucho bien a los chiquitines, esto no será tal, si no conocemos, entendemos y comprendemos quiénes y cómo son!
He pasado mucho tiempo diciéndole a mi pensamiento que busque, seleccione y divulgue estrategias para el periodo de vinculación. Y es especialmente en este curso cuando me doy cuenta de lo que tantas veces comento como inapropiado en los cursos de Disciplina Positiva. Lo importante no es el recurso, esto sería poner el foco en lo que nos alivia como adultos.
Muta en un truco que a la infancia puede no servirle. Leo y leo, comparto estrategias, sin embargo, no, Marisa, no.
Hay algo mucho más eficiente, poderoso, a la hora de tomar decisiones cercanas al niño, que realmente le ayuden, sobre cómo acompañar a la infancia en la incorporación a las escuelas infantiles ¡observar y observar!
Preguntarles, preguntarse ¿Qué necesitas en el periodo de vinculación?
Tengan en cuenta, en primer lugar, que salirse de lo que la madre naturaleza ha previsto ¡cría/madre… juntos, inseparables!, ya nos debería poner en tesitura de acometer una empresa bien sensible ¡Entra usted a un mundo muy delicado, íntimo, el imperio de la vulnerabilidad!
El cambio de espacio no importa tanto (?). Es definitiva, sin embargo, la pérdida de la sensación de cuerpo, olfato, vista, arrullo y del golpeteo único del ritmo cardíaco… especialmente de su madre.
¡Estamos hechos así! Sociales y por ende dependientes, no de cualquiera.
Y las escuelas y los espacios y los colegios se han convertido en lugares en los que se subsidia, se delega…
A medida que voy escribiendo me voy encendiendo.
Todavía hay muchos espacios, que además intentan avalar su decisión con nombres de teóricos de raigambre, eruditos en la materia, dicen (esos eruditos de cuando la infancia no se movía de su casa y la que se movía lo tenía difícil) que un bebé se acostumbra mejor si su adulto no forma parte del periodo de vinculación.
Por favor, una cosa es que el adulto tenga necesidades sociales ¡maldita sociedad del bienestar que no prioriza a la infancia!, y otra es que pretenda, con malas o buenas artes, que esas necesidades se las satisfaga un chiquitín no solo así mismo sino que suponga ansiolítico para su protector.
No señor, no señora. No hay derecho y además es abuso, ejercicio de superioridad de la que no se puede defender un bebé. Es mala praxis y si me apuran maltrato.
Para que el corazón de un bebé lata con calma necesita tener cerca al único corazón que se la puede ofrecer, el de su adulto cuidador principal. Y para que otro corazón sea capaz de lograrlo no queda otra que ser parte de las experiencias vitales, estar junto al cuidador principal e ir formando parte ¡poco a poco!, de la satisfacción de necesidades integrales de la criatura.
No aprenden por conceptos, no aprenden por lecciones magistrales, disponen de un nervio vago que le cuenta a su sistema nervioso parasimpático cómo va “eso de la seguridad por ahí fuera”, cuentan con un SARA que activará estructuras bien poderosas en defensa del reclamo de protección de supervivencia, amígdalas, ínsula, hipocampo y todas las memorias sensoriales que esta estructura será capaz de codificar y archivar… esperemos que para bien, que no lo haga como la amenaza más fuerte para una cría animal, la soledad, el alejamiento de su protector.
Este escrito puede sonar como fuere. Recuerda que tú eres adulto, el niño no puede defenderse de nuestras acciones, incluso en las desafortunadas va a seguir buscando nuestra cercanía.
Estamos en ello, unos pocos, unas pocas. No es opcional, no es opinable, a no ser que te pongas a investigar y seas capaz de refutar a la Neurociencia.
Los que hemos emprendido este camino no lo tenemos fácil, salir del tiesto, hasta del que ha demostrado una y mil veces que no sienta bien a la infancia, cuesta. No pedimos reconocimiento pero no pongas palos en las ruedas de la #educaciónConsciente.
Cuando la conciliación se va ganando con un pulso dilatado, casi enfermizo, por falta de receptividad de las administraciones no puede ser que las instituciones que se llaman a sí mismas educativas tengan planteamientos «contra natura».
Escuela y familia tiene que ponerse de acuerdo, debemos ser parte en sus vidas en las bajas laborales ¿Por qué no se hace?
Me han pedido ayuda y este solo es el primer paso, estoy a disposición de toda la argumentación que haga falta.
¡Por un periodo de vinculación informado y respetuoso! #PadresyMadres en la escuela.

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